sábado, 15 de abril de 2017

Si tu meurs, je me coucherai contre toi. Sartre y Simone de Beauvoir


Simone de Beuavoir y Sartre en una barraca de feria. La Beauvoir parece que no haya hecho otra cosa en su vida. Los ojos cerrados mientras apunta, ese modo de asir la escopeta... Yo de Sartre me mantendría apartado.
 
 




En Le diable et le bon Dieu, Sastre había escrito:


Si tu meurs, je me coucherai contre toi et je resterai là jusqu´à la fin, sans manger ni boire, tu pourriras entre mes bras et je t’aimerai charogne: car l´on n´aime rien si l´on n´aime pas tout”.

Que en traducción macarrónica, aproximadamente dice lo siguiente:

Si mueres, me acostaré a tu lado y me quedaré contigo hasta el final, sin comer ni beber, te pudrirás entre mis brazos y te continuare amando, carroña: porque no se ama nada si no se ama del todo”.

Una cosa de amor fou, de arrebato, de exceso, toda ciencia trascendiendo.

Simone de Beuvoir debió de tomar nota de la propuesta pasional y muchos años después, cuenta como se condujo ante el cadáver de Sastre:

El martes 15 de abril por la mañana cuando pregunté, como de costumbre, si Sartre había dormido bien, la enfermera me respondió: 'Si, pero...'; fui enseguida al hospital. Dormía, respirando con bastante dificultad; visiblemente estaba en coma desde la noche anterior. Durante unas horas, me quedé allí mirándolo. Hacia las seis dejé el sitio a Arlette, diciéndole que me llamara si ocurría cualquier cosa. A las nueve sonó el teléfono. 'Se terminó'. Fui con Sylvie. Se parecía a sí mismo, pero ya no respiraba. Sylvie avisó a Lanzmann, a Bost, a Pouillon, a Horst, que vinieran enseguida. Se nos autorizó a permanecer en la habitación hasta las cinco de la mañana. Rogué a Sylvie que fuera a buscar whisky y estuvimos bebiendo y charlando... En un momento dado, rogué que me dejaran sola con Sartre y quise tenderme a su lado, bajo las sábanas. Una enfermera me detuvo: 'No, cuidado...la gangrena'. Entonces comprendí la verdadera naturaleza de sus escaras. Me acosté sobre la sábana y dormí un poco. A las cinco entraron unos enfermeros. Cubrieron el cuerpo de Sartre con una sábana y una especie de funda y se lo llevaron.

Simone de Beauvoir quiso remedar el gesto leído hacía treinta años y abrazarse al cadáver. Un cadáver que además era más carroña que otros porque la gangrena lo había llenado de pústulas. Suerte de la enfermera ¡¡¡arretez, cuidado, la gangrena!!! que la regresó al estado de sobriedad racionalista donde solía morar y la excusó de persistir en su imitación del amor absoluto. Se contentó con acostarse al lado de Sastre y por encima de la sábana que lo cubría.

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